La conmemoración de los 200 años de la Independencia nacional, a cumplirse en el 2011, es una oportunidad magnifica para reencausar nuestro país hacia los derroteros del progreso que soñaron nuestros próceres. Esta no es una conmemoración cualquiera sino es una propicia fecha fausta que brinda una oportunidad única para recuperar la memoria histórica que nos posibilite entender el presente, como para proyectarnos al futuro.
Es sabido que el hoy histórico es producto o resultado de un proceso proveniente del pasado pero también se construye el pasado desde las demandas del presente para continuar siendo en el futuro. Las sociedades necesitan, en cada etapa histórica, de una imaginaria ideológica y de una visión de mundo, de lo contrario no hay cambio. El Estado democrático de hoy necesita otros referentes sociales, libres de las perspectivas y costumbres de la sociedad cautiva por una longeva dictadura como para generar el cambio desde las bases mismas de la sociedad.
Una de las peores herencias que ha dejado el ejercicio dictatorial del poder de Alfredo Strossner es la despersonalización del paraguayo, el del vaciamiento de su cosmovisión como comunidad a través de la desmemorización de su propio proceso histórico. La juventud paraguaya sufre graves consecuencias de este proceso de vaciamiento cultural que lo aleja de ser un actor esencial del proceso democrático que vivimos. La Juventud necesita de una relectura de la historia patria, de su propia mismidad de acuerdo a los desafíos actuales para consolidar su presente y construir su propio futuro.
Habría que partir de la premisa que la conmemoración no es recordar la Independencia Nacional como un hecho cristalizado y sujeto en el acontecimiento histórico mismo sino que es un fenómeno dinámico que nos debe seguir aportando, a dos siglos de distancia, de los elementos esenciales para seguir siendo una nación soberana e independiente. De todos nosotros, autoridades del gobierno central, gobernaciones, municipalidades y sociedad civil depende de convertir esa conmemoración en una verdadera esperanza de volver a ser un país con destino manifiesto de bienestar económico y social.
(día de emisión 27 de marzo de 2009)
viernes, 3 de abril de 2009
jueves, 26 de marzo de 2009
BOLIVIA, LA HERMANDAD EXTRATÉGICA
El día de ayer, 19 de marzo, se ha llegado a una demarcación definitiva de los límites paraguayo-bolivianos. Con este definición acaba, después de 72 años del fin de la guerra, el conflicto limítrofe ente Bolivia y Paraguay y se abren verdaderas oportunidades de hacer con Bolivia una alianza estratégica de mutuo desarrollo.
Ambos países no poseen costas marítimas, y sin embargo, al estar ubicados en el área central entre dos océanos, todos los caminos convergen y se entrecruzan en ellos, en un momento donde el paradigma dominante es la globalización y la integración en grandes bloques de países.
Lo más importante es que sus economías son complementarias y el intercambio puede beneficiar a ambos pueblos. La unión de Bolivia y Paraguay pudiera constituirse en la bisagra de unidad de otros pueblos, que en su articulación puede fortalecer el esquema de complementariedad y forzar a los países de mayor desarrollo relativo de la región, como la Argentina y el Brasil, a una política conveniente a todos y no sólo una mezquina defensa nacional que perjudica a los propios países que enarbolan esa política.
El Gobierno paraguayo tiene la enorme responsabilidad de incrementar e impulsar los lazos de intercambio cultural, político, económico y de integración con la nación boliviana. Por ello, es preocupante que siga vacante el cargo de embajador paraguayo en La Paz.
Los tiempos actuales, con un desaforado ritmo de cambios, exigen de un intercambio sólido como para acelerar soluciones, manifestar logros o preocupaciones, esclarecer acontecimientos, ponerse de acuerdo, informarse, despejar dudas y cimentar los lazos de entendimiento y de amistad sobre todas las cosas.
Esta situación ha exigido a la diplomacia un nuevo ritmo de acercamiento, como para articular políticas conjuntas y estrategias comunes de entendimiento, progreso y conveniencia mutuas. Pero todo ello no se puede implementar cuando el Paraguay no tiene ni siquiera embajador nombrado ante el gobierno boliviano, en tanto que el mismo, sí lo tiene en nuestro país. La cancillería tiene la palabra.
Ambos países no poseen costas marítimas, y sin embargo, al estar ubicados en el área central entre dos océanos, todos los caminos convergen y se entrecruzan en ellos, en un momento donde el paradigma dominante es la globalización y la integración en grandes bloques de países.
Lo más importante es que sus economías son complementarias y el intercambio puede beneficiar a ambos pueblos. La unión de Bolivia y Paraguay pudiera constituirse en la bisagra de unidad de otros pueblos, que en su articulación puede fortalecer el esquema de complementariedad y forzar a los países de mayor desarrollo relativo de la región, como la Argentina y el Brasil, a una política conveniente a todos y no sólo una mezquina defensa nacional que perjudica a los propios países que enarbolan esa política.
El Gobierno paraguayo tiene la enorme responsabilidad de incrementar e impulsar los lazos de intercambio cultural, político, económico y de integración con la nación boliviana. Por ello, es preocupante que siga vacante el cargo de embajador paraguayo en La Paz.
Los tiempos actuales, con un desaforado ritmo de cambios, exigen de un intercambio sólido como para acelerar soluciones, manifestar logros o preocupaciones, esclarecer acontecimientos, ponerse de acuerdo, informarse, despejar dudas y cimentar los lazos de entendimiento y de amistad sobre todas las cosas.
Esta situación ha exigido a la diplomacia un nuevo ritmo de acercamiento, como para articular políticas conjuntas y estrategias comunes de entendimiento, progreso y conveniencia mutuas. Pero todo ello no se puede implementar cuando el Paraguay no tiene ni siquiera embajador nombrado ante el gobierno boliviano, en tanto que el mismo, sí lo tiene en nuestro país. La cancillería tiene la palabra.
miércoles, 18 de marzo de 2009
LOS VERICUETOS DEL PODER
Con la asunción a la presidencia de la República de Fernando Lugo se cerró un ciclo de 60 años del partido colorado en el gobierno -cuarenta años de dictadura y 20 años de libertades públicas-. El nuevo gobierno se había embanderado con la promesa de un cambio substancial en el manejo de la cosa pública. Ese discurso había generado una expectativa social tan inmensamente grande que sólo es comparable a la forma en la que se espera un acontecer milagroso. La atmósfera cuasi religiosa de la expectativa estaba acompañada por el hecho de que el candidato era un obispo, y el éxito electoral del mismo tenía una relación subterránea con la religiosidad popular.
Pero en política no existen milagros, sino acciones tendientes a ocupar espacios. Hace siete meses que está instalado el nuevo gobierno y la sociedad percibe que se ha hecho muy poco por desmontar el aparato, las costumbres y las pompas del régimen anterior. Sus defensores arguyen que siete meses es poco para desmontar un estado de cosas que tuvo vigencia por tantas décadas. Eso es cierto, sin embargo, las señales son muy importantes en estos casos, a través de acciones que demuestren que el proceso de cambio se ha iniciado. Muchos de los sectores que habían acompañado al presidente Lugo, hoy comienzan a manifestar su descontento y demandan al gobierno el cumplimiento de las promesas electorales. Pareciera que el gobierno se sintiera atrapado por la cantidad de problemas que solucionar y sufriera una artrosis paralizante que inmoviliza sus acciones. Para mayor desgracia para el gobierno, la crisis financiera internacional se le cayó encima como un derrumbe del cielo, aunque toda crisis, bien comprendida y manejada con creatividad, pudiera ser una oportunidad para la realización y el éxito del cambio.
Los bemoles
Aparentemente la mayor debilidad del gobierno es la falta de visibilidad de un horizonte que permita identificar cómo va a encarar la problemática del poder, desde la perspectiva de una “solucionática procesal” de los fenómenos. Nos referimos a la imperiosa necesidad de hacer palpable un sistema de prioridades gubernamentales, concatenadas para lograr un fin. La ausencia de un modelo de país en un proceso de cambio puede ser catastrófica. El presidente Lugo, desde el día siguiente de triunfo electoral, sabiendo que ganó la presidencia pero que no tenía mayoría parlamentaria, (de hecho, ningún partido la tiene), debería de haber comenzado a negociar con los demás partidos políticos, para gestar una “concertación patriótica para el cambio”. Era el momento propicio para ello. Los partidos políticos de la oposición estaban anonadados por el triunfo de Lugo. El 17 de agosto, dos días después de haber asumido, debería haber despedido a los miles de planilleros (personas que figuran en la planilla de sueldos y sólo aparecen a firmar para cobrar sin trabajar). En ese sentido, sólo el Ministerio de Educación hizo la labor de despido de 4000 planilleros, a pocos días del nuevo gobierno y no tuvo ninguna movilización sindical por ese hecho. Hoy, después de más de medio año de ejercicio del poder, el gobierno intenta despedir a 10 mil planilleros de la binacional de Yacyretá, que por décadas cobraron sin trabajar y ya no lo puede hacer, porque los mismos han marcado tarjeta desde el día siguiente de la caída del partido colorado y hoy, pasados los tres meses, ya tienen inamovilidad.
Estamos a los siete meses del gobierno del cambio y no se han tomado las medidas tendientes a un cambio radical. Todo está como la primera mañana del poder. Ante tal inacción, la oposición fue recuperándose y avanzando hacia objetivos precisos. Uno, la Corte Suprema de Justicia, que Fernando Lugo hizo el punto crucial del cambio, quedó en “fojas cero” con las autoconfirmaciones de los ministros, y ya no existe posibilidad de cambio a no ser que se logre un acuerdo político para el juicio a los ministros de la Corte. Dos, la división del partido liberal, miembro de la alianza que sostiene a Lugo, es parte de la estrategia opositora para la conquista de la mayoría legislativa y tres, conquistados estos dos poderes del estado, es muy fácil conquistar el poder ejecutivo, a través de un juicio político al presidente.
El gobierno tiene que detener este proceso de su desgaste, a través de una amplia concertación de gobernabilidad. De lo contrario, el cambio sólo será palpable en sueños, y el país pagará muy caro una esperanza marchita, que murió sin florecer.
Pero en política no existen milagros, sino acciones tendientes a ocupar espacios. Hace siete meses que está instalado el nuevo gobierno y la sociedad percibe que se ha hecho muy poco por desmontar el aparato, las costumbres y las pompas del régimen anterior. Sus defensores arguyen que siete meses es poco para desmontar un estado de cosas que tuvo vigencia por tantas décadas. Eso es cierto, sin embargo, las señales son muy importantes en estos casos, a través de acciones que demuestren que el proceso de cambio se ha iniciado. Muchos de los sectores que habían acompañado al presidente Lugo, hoy comienzan a manifestar su descontento y demandan al gobierno el cumplimiento de las promesas electorales. Pareciera que el gobierno se sintiera atrapado por la cantidad de problemas que solucionar y sufriera una artrosis paralizante que inmoviliza sus acciones. Para mayor desgracia para el gobierno, la crisis financiera internacional se le cayó encima como un derrumbe del cielo, aunque toda crisis, bien comprendida y manejada con creatividad, pudiera ser una oportunidad para la realización y el éxito del cambio.
Los bemoles
Aparentemente la mayor debilidad del gobierno es la falta de visibilidad de un horizonte que permita identificar cómo va a encarar la problemática del poder, desde la perspectiva de una “solucionática procesal” de los fenómenos. Nos referimos a la imperiosa necesidad de hacer palpable un sistema de prioridades gubernamentales, concatenadas para lograr un fin. La ausencia de un modelo de país en un proceso de cambio puede ser catastrófica. El presidente Lugo, desde el día siguiente de triunfo electoral, sabiendo que ganó la presidencia pero que no tenía mayoría parlamentaria, (de hecho, ningún partido la tiene), debería de haber comenzado a negociar con los demás partidos políticos, para gestar una “concertación patriótica para el cambio”. Era el momento propicio para ello. Los partidos políticos de la oposición estaban anonadados por el triunfo de Lugo. El 17 de agosto, dos días después de haber asumido, debería haber despedido a los miles de planilleros (personas que figuran en la planilla de sueldos y sólo aparecen a firmar para cobrar sin trabajar). En ese sentido, sólo el Ministerio de Educación hizo la labor de despido de 4000 planilleros, a pocos días del nuevo gobierno y no tuvo ninguna movilización sindical por ese hecho. Hoy, después de más de medio año de ejercicio del poder, el gobierno intenta despedir a 10 mil planilleros de la binacional de Yacyretá, que por décadas cobraron sin trabajar y ya no lo puede hacer, porque los mismos han marcado tarjeta desde el día siguiente de la caída del partido colorado y hoy, pasados los tres meses, ya tienen inamovilidad.
Estamos a los siete meses del gobierno del cambio y no se han tomado las medidas tendientes a un cambio radical. Todo está como la primera mañana del poder. Ante tal inacción, la oposición fue recuperándose y avanzando hacia objetivos precisos. Uno, la Corte Suprema de Justicia, que Fernando Lugo hizo el punto crucial del cambio, quedó en “fojas cero” con las autoconfirmaciones de los ministros, y ya no existe posibilidad de cambio a no ser que se logre un acuerdo político para el juicio a los ministros de la Corte. Dos, la división del partido liberal, miembro de la alianza que sostiene a Lugo, es parte de la estrategia opositora para la conquista de la mayoría legislativa y tres, conquistados estos dos poderes del estado, es muy fácil conquistar el poder ejecutivo, a través de un juicio político al presidente.
El gobierno tiene que detener este proceso de su desgaste, a través de una amplia concertación de gobernabilidad. De lo contrario, el cambio sólo será palpable en sueños, y el país pagará muy caro una esperanza marchita, que murió sin florecer.
Emitido en el Noticiero Central del Canal Red Guaraní, 13-III-2009
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