El día de ayer, 19 de marzo, se ha llegado a una demarcación definitiva de los límites paraguayo-bolivianos. Con este definición acaba, después de 72 años del fin de la guerra, el conflicto limítrofe ente Bolivia y Paraguay y se abren verdaderas oportunidades de hacer con Bolivia una alianza estratégica de mutuo desarrollo.
Ambos países no poseen costas marítimas, y sin embargo, al estar ubicados en el área central entre dos océanos, todos los caminos convergen y se entrecruzan en ellos, en un momento donde el paradigma dominante es la globalización y la integración en grandes bloques de países.
Lo más importante es que sus economías son complementarias y el intercambio puede beneficiar a ambos pueblos. La unión de Bolivia y Paraguay pudiera constituirse en la bisagra de unidad de otros pueblos, que en su articulación puede fortalecer el esquema de complementariedad y forzar a los países de mayor desarrollo relativo de la región, como la Argentina y el Brasil, a una política conveniente a todos y no sólo una mezquina defensa nacional que perjudica a los propios países que enarbolan esa política.
El Gobierno paraguayo tiene la enorme responsabilidad de incrementar e impulsar los lazos de intercambio cultural, político, económico y de integración con la nación boliviana. Por ello, es preocupante que siga vacante el cargo de embajador paraguayo en La Paz.
Los tiempos actuales, con un desaforado ritmo de cambios, exigen de un intercambio sólido como para acelerar soluciones, manifestar logros o preocupaciones, esclarecer acontecimientos, ponerse de acuerdo, informarse, despejar dudas y cimentar los lazos de entendimiento y de amistad sobre todas las cosas.
Esta situación ha exigido a la diplomacia un nuevo ritmo de acercamiento, como para articular políticas conjuntas y estrategias comunes de entendimiento, progreso y conveniencia mutuas. Pero todo ello no se puede implementar cuando el Paraguay no tiene ni siquiera embajador nombrado ante el gobierno boliviano, en tanto que el mismo, sí lo tiene en nuestro país. La cancillería tiene la palabra.
jueves, 26 de marzo de 2009
miércoles, 18 de marzo de 2009
LOS VERICUETOS DEL PODER
Con la asunción a la presidencia de la República de Fernando Lugo se cerró un ciclo de 60 años del partido colorado en el gobierno -cuarenta años de dictadura y 20 años de libertades públicas-. El nuevo gobierno se había embanderado con la promesa de un cambio substancial en el manejo de la cosa pública. Ese discurso había generado una expectativa social tan inmensamente grande que sólo es comparable a la forma en la que se espera un acontecer milagroso. La atmósfera cuasi religiosa de la expectativa estaba acompañada por el hecho de que el candidato era un obispo, y el éxito electoral del mismo tenía una relación subterránea con la religiosidad popular.
Pero en política no existen milagros, sino acciones tendientes a ocupar espacios. Hace siete meses que está instalado el nuevo gobierno y la sociedad percibe que se ha hecho muy poco por desmontar el aparato, las costumbres y las pompas del régimen anterior. Sus defensores arguyen que siete meses es poco para desmontar un estado de cosas que tuvo vigencia por tantas décadas. Eso es cierto, sin embargo, las señales son muy importantes en estos casos, a través de acciones que demuestren que el proceso de cambio se ha iniciado. Muchos de los sectores que habían acompañado al presidente Lugo, hoy comienzan a manifestar su descontento y demandan al gobierno el cumplimiento de las promesas electorales. Pareciera que el gobierno se sintiera atrapado por la cantidad de problemas que solucionar y sufriera una artrosis paralizante que inmoviliza sus acciones. Para mayor desgracia para el gobierno, la crisis financiera internacional se le cayó encima como un derrumbe del cielo, aunque toda crisis, bien comprendida y manejada con creatividad, pudiera ser una oportunidad para la realización y el éxito del cambio.
Los bemoles
Aparentemente la mayor debilidad del gobierno es la falta de visibilidad de un horizonte que permita identificar cómo va a encarar la problemática del poder, desde la perspectiva de una “solucionática procesal” de los fenómenos. Nos referimos a la imperiosa necesidad de hacer palpable un sistema de prioridades gubernamentales, concatenadas para lograr un fin. La ausencia de un modelo de país en un proceso de cambio puede ser catastrófica. El presidente Lugo, desde el día siguiente de triunfo electoral, sabiendo que ganó la presidencia pero que no tenía mayoría parlamentaria, (de hecho, ningún partido la tiene), debería de haber comenzado a negociar con los demás partidos políticos, para gestar una “concertación patriótica para el cambio”. Era el momento propicio para ello. Los partidos políticos de la oposición estaban anonadados por el triunfo de Lugo. El 17 de agosto, dos días después de haber asumido, debería haber despedido a los miles de planilleros (personas que figuran en la planilla de sueldos y sólo aparecen a firmar para cobrar sin trabajar). En ese sentido, sólo el Ministerio de Educación hizo la labor de despido de 4000 planilleros, a pocos días del nuevo gobierno y no tuvo ninguna movilización sindical por ese hecho. Hoy, después de más de medio año de ejercicio del poder, el gobierno intenta despedir a 10 mil planilleros de la binacional de Yacyretá, que por décadas cobraron sin trabajar y ya no lo puede hacer, porque los mismos han marcado tarjeta desde el día siguiente de la caída del partido colorado y hoy, pasados los tres meses, ya tienen inamovilidad.
Estamos a los siete meses del gobierno del cambio y no se han tomado las medidas tendientes a un cambio radical. Todo está como la primera mañana del poder. Ante tal inacción, la oposición fue recuperándose y avanzando hacia objetivos precisos. Uno, la Corte Suprema de Justicia, que Fernando Lugo hizo el punto crucial del cambio, quedó en “fojas cero” con las autoconfirmaciones de los ministros, y ya no existe posibilidad de cambio a no ser que se logre un acuerdo político para el juicio a los ministros de la Corte. Dos, la división del partido liberal, miembro de la alianza que sostiene a Lugo, es parte de la estrategia opositora para la conquista de la mayoría legislativa y tres, conquistados estos dos poderes del estado, es muy fácil conquistar el poder ejecutivo, a través de un juicio político al presidente.
El gobierno tiene que detener este proceso de su desgaste, a través de una amplia concertación de gobernabilidad. De lo contrario, el cambio sólo será palpable en sueños, y el país pagará muy caro una esperanza marchita, que murió sin florecer.
Pero en política no existen milagros, sino acciones tendientes a ocupar espacios. Hace siete meses que está instalado el nuevo gobierno y la sociedad percibe que se ha hecho muy poco por desmontar el aparato, las costumbres y las pompas del régimen anterior. Sus defensores arguyen que siete meses es poco para desmontar un estado de cosas que tuvo vigencia por tantas décadas. Eso es cierto, sin embargo, las señales son muy importantes en estos casos, a través de acciones que demuestren que el proceso de cambio se ha iniciado. Muchos de los sectores que habían acompañado al presidente Lugo, hoy comienzan a manifestar su descontento y demandan al gobierno el cumplimiento de las promesas electorales. Pareciera que el gobierno se sintiera atrapado por la cantidad de problemas que solucionar y sufriera una artrosis paralizante que inmoviliza sus acciones. Para mayor desgracia para el gobierno, la crisis financiera internacional se le cayó encima como un derrumbe del cielo, aunque toda crisis, bien comprendida y manejada con creatividad, pudiera ser una oportunidad para la realización y el éxito del cambio.
Los bemoles
Aparentemente la mayor debilidad del gobierno es la falta de visibilidad de un horizonte que permita identificar cómo va a encarar la problemática del poder, desde la perspectiva de una “solucionática procesal” de los fenómenos. Nos referimos a la imperiosa necesidad de hacer palpable un sistema de prioridades gubernamentales, concatenadas para lograr un fin. La ausencia de un modelo de país en un proceso de cambio puede ser catastrófica. El presidente Lugo, desde el día siguiente de triunfo electoral, sabiendo que ganó la presidencia pero que no tenía mayoría parlamentaria, (de hecho, ningún partido la tiene), debería de haber comenzado a negociar con los demás partidos políticos, para gestar una “concertación patriótica para el cambio”. Era el momento propicio para ello. Los partidos políticos de la oposición estaban anonadados por el triunfo de Lugo. El 17 de agosto, dos días después de haber asumido, debería haber despedido a los miles de planilleros (personas que figuran en la planilla de sueldos y sólo aparecen a firmar para cobrar sin trabajar). En ese sentido, sólo el Ministerio de Educación hizo la labor de despido de 4000 planilleros, a pocos días del nuevo gobierno y no tuvo ninguna movilización sindical por ese hecho. Hoy, después de más de medio año de ejercicio del poder, el gobierno intenta despedir a 10 mil planilleros de la binacional de Yacyretá, que por décadas cobraron sin trabajar y ya no lo puede hacer, porque los mismos han marcado tarjeta desde el día siguiente de la caída del partido colorado y hoy, pasados los tres meses, ya tienen inamovilidad.
Estamos a los siete meses del gobierno del cambio y no se han tomado las medidas tendientes a un cambio radical. Todo está como la primera mañana del poder. Ante tal inacción, la oposición fue recuperándose y avanzando hacia objetivos precisos. Uno, la Corte Suprema de Justicia, que Fernando Lugo hizo el punto crucial del cambio, quedó en “fojas cero” con las autoconfirmaciones de los ministros, y ya no existe posibilidad de cambio a no ser que se logre un acuerdo político para el juicio a los ministros de la Corte. Dos, la división del partido liberal, miembro de la alianza que sostiene a Lugo, es parte de la estrategia opositora para la conquista de la mayoría legislativa y tres, conquistados estos dos poderes del estado, es muy fácil conquistar el poder ejecutivo, a través de un juicio político al presidente.
El gobierno tiene que detener este proceso de su desgaste, a través de una amplia concertación de gobernabilidad. De lo contrario, el cambio sólo será palpable en sueños, y el país pagará muy caro una esperanza marchita, que murió sin florecer.
Emitido en el Noticiero Central del Canal Red Guaraní, 13-III-2009
lunes, 2 de marzo de 2009
MUNICIPIOS SE MOVILIZAN
Cerca de quinientas autoridades locales se reunieron el pasado 26 de febrero en la ciudad de Coronel Oviedo para discutir la situación de las municipalidades del país. Se refirieron a problemas inherentes a las leyes que rigen a las municipalidades, al retrazo de la implementación de una real descentralización, y sobre todo a la falta de recursos como para atender el reclamo de la gente. En resumen lo que se ha visto es la crisis organizacional, gerencial y financiera de la institución municipal, aunque nadie se ha referido en forma específica a este problemática en su totalidad sino a aspectos específicos del mismo. Hoy se hace necesario visualizar, hacer conciencia de la cuestión municipal como un todo, ya que la institución municipal, así como esta concebida en la actualidad, ya no responde a las exigencias y a las demandas de su gente.
Desde que la Constitución del Paraguay de 1992 caracterizara al Estado como descentralizado, la municipalidad ha adquirido un nuevo posicionamiento en la estructura del estado, lo que le supone la concreción de varias competencias, que si bien antes lo tenían pero no los ejercía, debido a que la organización de base del partido colorado de gobierno lo reemplazaba.
La municipalidad, como institución, tiene que sufrir transformaciones esenciales, en su propia organización, en su forma de gobierno, en su relacionamiento con la sociedad civil y por último, no puede continuar siendo municipalidad cuando no cuenta con la cantidad mínima de habitantes y que no pueda mantenerse como tal con sus recursos propios, provenientes de su propia comunidad. Hoy la mayoría de las municipalidades están en quiebra. En forma urgente se tiene que cambiar la Ley tributaria municipal, modificar la base impositiva de los municipios para el cobro del impuesto inmobiliario y los precios de los servicios que realiza como para mejorar su recaudación.
Las transferencias provenientes del gobierno central no pueden seguir financiando gastos corrientes de una municipalidad sino que tiene ser provistos para determinados proyectos que la municipalidad por si sola no los puede asumir. Este encuentro municipal es sumamente positivo que se realice en estos momentos que estamos comenzando a vivir una crisis profunda a raíz de la crisis financiera internacional. Con esta reunión se ha logrado visualizar la problemática, atisbar las soluciones y lograr el sentido de corpus para llevar adelante las acciones tendientes a revertir el proceso. Municipalidades exitosas supone país exitoso.
Desde que la Constitución del Paraguay de 1992 caracterizara al Estado como descentralizado, la municipalidad ha adquirido un nuevo posicionamiento en la estructura del estado, lo que le supone la concreción de varias competencias, que si bien antes lo tenían pero no los ejercía, debido a que la organización de base del partido colorado de gobierno lo reemplazaba.
La municipalidad, como institución, tiene que sufrir transformaciones esenciales, en su propia organización, en su forma de gobierno, en su relacionamiento con la sociedad civil y por último, no puede continuar siendo municipalidad cuando no cuenta con la cantidad mínima de habitantes y que no pueda mantenerse como tal con sus recursos propios, provenientes de su propia comunidad. Hoy la mayoría de las municipalidades están en quiebra. En forma urgente se tiene que cambiar la Ley tributaria municipal, modificar la base impositiva de los municipios para el cobro del impuesto inmobiliario y los precios de los servicios que realiza como para mejorar su recaudación.
Las transferencias provenientes del gobierno central no pueden seguir financiando gastos corrientes de una municipalidad sino que tiene ser provistos para determinados proyectos que la municipalidad por si sola no los puede asumir. Este encuentro municipal es sumamente positivo que se realice en estos momentos que estamos comenzando a vivir una crisis profunda a raíz de la crisis financiera internacional. Con esta reunión se ha logrado visualizar la problemática, atisbar las soluciones y lograr el sentido de corpus para llevar adelante las acciones tendientes a revertir el proceso. Municipalidades exitosas supone país exitoso.
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